Verdad verdadera: Los bolsillos siempre guardan tesoros. Estén donde estén, niños y niñas tienen la innata capacidad de detectar las piedras más especiales. Las atesoran en cajas, cofres, debajo de la cama. Todo vale para preservar ese objeto único, esculpido por el viento.
Un poco de historia
Antes de llegar al bolsillo, la piedra tuvo una vida: fue refugio de una mariquita, la sombra de una hormiga, el apoyo de una semilla, el balón improvisado de alguien que paseaba. Nunca se sabe. Entonces, llega Isidro Ferrer. Pone mirada de arte y manos trabajadoras. Las recoge, las transforma y cambia su porvenir.
En Piedra a Piedra hay varios consejos útiles para labrarle un nuevo destino a las piedras: descubrir los rostros ocultos y remarcarlos con acrílico, pegar varias de diferentes tamaños para crear rostros y generar una auténtica amistad con otros recursos. «Si caminas por la playa, encontrarás no solo piedras, sino muchos otros materiales con los que las piedras se llevan bien: ramas, trozos de madera, cuerdas, alambres…Todo sirve».
En estos momentos tal vez pienses que, si hay magia en el proceso, está en la propia piedra. Después de todo, pasar del suelo a ser una obra artística, tiene lo suyo. Sin embargo, hay algo más potente que crece dentro de los niños y niñas después de la lectura. Y es la certeza sobre la calidad de su mirada. La puesta en valor de su capacidad para el descubrimiento y la transformación.
¿Quién recoge las piedras?
Isidro Ferrer nació en Madrid el mismo año en el que se publicó Rayuela y se estrenó Astroboy. En la actualidad, es uno de los artistas más reputados del panorama español. Graduado en arte dramático y escenografía, trabaja como diseñador e ilustrador. Tiene una buena cantidad de libros publicados, entre los que hay obras de gran belleza como Una casa para el abuelo y El libro de las preguntas y otras curiosas y lúdicas como Enciclopedia visual de sonidos o Cuaderno de vacaciones.

