Que levante la mano quién no sintió cómo el tiempo se ponía en pausa cuando escuchaba un cuento. Quién no vio desvanecerse todo alrededor a medida que la voz narradora ocupaba el aire y la imaginación, el espacio. Ese encantamiento es, precisamente, el argumento de este delicioso álbum ilustrado.
Un gato llamado Mauricio descubre que la mejor manera de atraer a los ratones es leerles en voz alta. Sin embargo, su plan no resulta como esperaba: ¿puede uno comer después de leer una historia triste? El apetito no es muy abundante entre lágrimas. El protagonista decide probar, entonces, con historias cómicas. Pero acabar persiguiendo ratones entre carcajadas, al final de una buena juerga, tampoco parecía muy apropiado. Día a día, Mauricio busca el género ideal, pero sus intentos mantienen los mismos resultados. La magia de la lectura disuelve el peligro, agrupa, acerca y evita la caza…por el momento.

El humor impregna cada rincón de la página, pues es imposible no sonreír ante el planteo de esta situación insólita, divertida desde la cola hasta los bigotes. La ilustración acompaña el argumento con una paleta alegre y una caracterización de lo más desenfadada. La sensación de amenaza cede el lugar a sentimientos ambivalentes. ¿Hasta qué punto es posible luchar contra la propia naturaleza? ¿Puede la palabra domesticar nuestro lado más salvaje? ¿Bajo qué condiciones?
La gran cantidad de referencias literarias y cinematográficas transformarán la lectura en un juego de búsqueda y reconocimiento para todas las edades. Se abrirá, así, una pasarela a distintos diálogos, encuentros y promesas de nuevas lecturas.
El poder de las historias es un álbum luminoso y disfrutable, ideal para compartir en el aula o antes de dormir, al que volveremos una y otra vez. Ya sea porque intuimos que aún hay algo por descubrir o, simplemente, para revivir ese momento en el que fuimos contados y, mientras eso pasaba, nos sabíamos a salvo del mundo.

