De ahí esta lista de títulos, algunos los he reseñado en algunos medios y tienen sus años. Sin embargo, no puedo evitar volver a ellos una y otra vez. Su lectura me produce la misma alegría que el encuentro con viejos amigos después de un largo viaje.
Supersorda
Cece Bell
Maeva Young
Supersorda ganó el premio Will Eisner, uno de los más importantes del cómic, en 2017. En esta maravillosa novela gráfica, Cece Bell se nutre de su experiencia como persona sorda para narrar la cotidianeidad de su personaje que, al igual que ella, también lleva audífonos. Nada es al azar: la elección de los conejos como protagonistas (sus largas orejas simbolizan la importancia del oído) ni tampoco el uso de las viñetas. Súpersorda destila humor y su narración goza de escenas entrañables en los que retrata cuestiones tan propias de la infancia como la amistad, la rutina escolar y el nacimiento del amor.
La propia Cece nos cuenta el nacimiento del libro. «No quería que me encasillaran como “esa autora e ilustradora sorda”; quería que me conociesen como “esa autora e ilustradora ALUCINANTE”. Necesitaba tener unos cuantos libros a mis espaldas antes de estar preparada para enfrentarme a mis experiencias como una persona sorda. Y quizás podré ser conocida como “esa autora ilustradora ALUCINANTE que resulta que es sorda”. ¡Eso suena bien!… Supersorda empezó siendo un blog. Hace siete años estaba en la cola de un supermercado. Me resultó muy difícil leer los labios de la cajera. No podía entender nada de lo que estaba diciendo, y empezó a molestarse conmigo hasta el punto de enfadarse. Me puse tan nerviosa que cuando llegué al coche estaba llorando desconsoladamente. ¿Por qué no me quité los audífonos y los agité en su cara diciendo: “No puedo entenderte, soy sorda ¿lo ves?” pero eso no fue lo que hice, porque nunca había hecho algo así. Llevaba siendo sorda más de treinta años y era incapaz de decirlo —simplemente, no podía— . Y, por eso comencé el blog… Y a medida que escribía, descubría que tenía historias reales que contar, especialmente sobre mi infancia. Por aquel entonces estaba leyendo una novela gráfica para adolescentes basada en la vida de su autora ¡Sonríe!, de Rania Telgmeier. Me di cuenta de que la novela gráfica era el formato perfecto para contar mi historia. Y, demonios, ¡sabía escribir! ¡Sabía dibujar!».
Siempre que puedo cito a Supersorda, porque además de un abordaje desenfadado y auténtico sobre una narradora singular, rescata el poder del arte (ya sea escritura o ilustración) como recurso reconstitutivo. En una línea totalmente adulta, Lo que más me gusta son los monstruos, es una novela gráfica ilustrada a boli. Su autora la desarrolló como un ejercicio para recuperar la motricidad fina, después de un accidente.
Es tu turno Adrián
Elena Öberg, Kristin Lidström
Ekaré
En la línea del cómic, se encuentra también esta conmovedora historia publicada por Ekaré.
Adrián es un joven al que las palabras le bailan delante de sus ojos. Cuando lee, las letras cambian de lugar, como los artistas circenses de su imaginación. Hasta que aparece Niebla, una perra que lo ayudará a transitar por el vacío que habita en su vida cotidiana y sus dificultades con el lenguaje. La combinación de las páginas en blanco y negro con otras a color nos acercan al universo emocional del protagonista, en un final conciliador donde la lectura vuelve al primer plano.
Sobre el tema del lenguaje, te recomiendo que leas también Hablo como el río de Libros del Zorro Rojo. Un álbum autobiográfico, abrumador en su belleza y capaz de emocionarte solo con las imágenes. En cuanto a novelas gráficas, sin duda debes tener el radar: María y yo de Miguel Gallardo (Astiberri) sobre la condición del espectro autista y La brigada de las pesadillas (Franck Thilliez, Yomgui Dumont Drac, Astronave) donde uno de los protagonistas se desplaza en sillas de ruedas.
El abismo
Neil Shusterman
Anaya
Caden Bosch es un brillante alumno de secundaria, pero también, dentro de su mente, es un grumete con una importante misión: registrar la expedición al punto más profundo y misterioso de la Tierra. Caden habita las dos realidades, mientras su entorno comprende que ya no es «lo que se considera normal». Narrada en primera persona, esta obra de estilo directo y concreto nos introduce en la singular mirada de su protagonista. En su piel sentimos el miedo ante las imágenes surrealistas en las que cree habitar, el agotamiento de luchar contra lo que su mente muestra sin permiso. Su voz, sincera y desgarradora, nos hace visitar, junto a él, su vida. Como Alicia, nos introducimos en un universo que nos hace dudar a cada instante sobre lo real y lo imaginario.
El abismo no es una obra de ficción, pues se basa en la experiencia del propio hijo del autor con la esquizofrenia. «Nuestra esperanza es que El abismo reconforte a los que han estado allí, haciéndoles comprender que no están solos. También esperamos que ayude a otros a empatizar, y a comprender cómo es eso de navegar en las oscuras e imprevisibles aguas de la enfermedad mental. Y que cuando el abismo mire dentro de ti, que lo hará, puedas devolverle la mirada con valentía». La novela fue Premio Nacional de Literatura Juvenil en Estados Unidos.
Como novela, te invito a leer El curioso incidente del perro a medianoche de Mark Haddon, si aún no lo has hecho. Se trata de una historia tierna, conmovedora y llena de matices sobre la búsqueda, por parte del protagonista, sobre su propia identidad. Destaca la narración del personaje, quien nos sumerge en un punto de vista original sobre la realidad, propio de las personas con la condición del espectro autista.
Para finalizar
Nos recuerda Gustavo Martín Garzo: «Bien mirado, lo normal es que no sepamos quienes somos, que siempre nos estemos construyendo. Lo que nos define como seres humanos, en definitiva, no es tanto lo que somos sino el proceso por el que podemos llegar a transformarnos en otra cosa. Por eso en los cuentos las carencias o las disminuciones físicas no siempre significan algo negativo. En La sirenita, de Andersen, por ejemplo, la pérdida de voz o los problemas de locomoción de su protagonista no son percibidos por sus lectores como una tara, sino como un signo de excelencia de esa criatura que, abandonando su reino de las profundidades marinas y movida por la fuerza del amor, busca transformarse en muchacha. (…) Es de ese constante estar construyéndonos, propio de la condición humana, del que hablan todos los cuentos que existen, cuya misión no sería tanto dar cuenta de una única verdad, como de hacer posible que cada uno pueda contar su propia verdad a los otros. (…) En Los cisnes salvajes uno de los príncipes se verá obligado a vivir con un ala de cisne en lugar de su brazo, y en los cuentos infantiles abundan los niños y niñas que han perdido los brazos, las manos, o que no pueden hablar o ver. No están completos, pero están vivos. Puede que el verdadero mensaje de los cuentos sea precisamente que estar vivo es estar incompleto. Estos personajes no son distintos de nosotros, pues todos buscamos algo que no tenemos».
Quedan, sin duda muchísimos libros por mencionar. Libros que parten de la singularidad de un personaje para hablarnos de la universalidad que nos habita. Como Los cinco desastres o Malko y yo, que actúa como un verdadero refugio para familias con realidades que se escapan de la norma. Pero en algún lugar hay que poner el punto final. Ese que actúa como llamado para abandonar esta lectura y acudir a la librería o la biblioteca.
Referencias
- Revista Peonza nº.127, Otras infancias.
- El testimonio acompañaba la hoja de prensa enviada junto al libro Supersorda, cuyo lanzamiento fue el 24/10/14.




